Cicloturismo: cómo afrontar un descenso

Se trata de una de las partes más técnicas del ciclismo. Además, es casi imposible que, a poco que salgamos a carretera, no tengamos que afrontar bajada alguna, por leve que sea. En todos los casos hay que tomar unas precauciones mínimas y saber cómo encararlas. Toda subida debe tener su parte de bajada.

En primer lugar, hay que tener en cuenta lo pronunciado y revirado que el descenso sea. En un trazado rectilíneo las habilidades tienen menor incidencia, aunque ello no quiere decir que sea un factor que no haya que poner en práctica. Aquí contará el evitar posibles obstáculos y no tomar demasiada velocidad. Los frenos de la bicicleta son lo primero a revisar antes de una salida y en estos casos lo que nos puede salvar de una caída y lesión segura. Hay que tener en consideración la distancia de frenado y no bajar la guardia, aunque no haya dificultad aparente. Se deben evitar los cambios bruscos de dirección.

En los descensos más revirados utilizaremos más el freno. Por contra, serán frenadas mucho más leves, como norma general. Aquí cuenta y mucho la capacidad para tumbar la bicicleta. No es algo imprescindible si no estamos orientados a la competición. En caso de tomarnos con calma las bajadas -lo más razonable en este contexto-, se debe tomar las curvas con precaución de no invadir el sentido contrario de la circuluación. Conviene, en la medida de lo posible, observar la situación de nuestro carril de bajada (pintado o sin pintar, siempre la mitad derecha de la calzada) antes de trazar la curva.

Lo prudente es arrimarse lo más posible a la derecha, sobre todo en zonas donde la visibilidad sea reducida. Así evitaremos sustos innecesarios por parte de los vehículos que estén ascendiendo en sentido contrario.

Otro aspecto con el que hay que tener cuidado es con los peraltes, que pueden provocarnos tocar el suelo con la cala. También con la amplitud de la curva, ya que este hecho nos marcará la forma de trazarla. En caso de duda, siempre es mejor tomarlas con calma y despacio. Para ir más deprisa siempre hay tiempo, para hacerlo más despacio, tal vez no.

ENLACES DE INTERÉS

Bicicletas con freno de disco

Bicicletas de carretera

Bicicletas de MTB

Cicloturismo: el tiempo del hielo

Avanza febrero y el mes de marzo asoma en el calendario. Los peores meses para la bicicleta pasaron, aunque el mejor tiempo diurno aún nos ofrecerá temperaturas muy bajas por las noches. Heladas, sobre todo, a poco que el sol y el color azul hayan protagonizado el día.

Es un riesgo, ya que en zonas de umbría aún quedarán restos de hielo o escarcha. El sol no calienta como en verano y cada curva que no esté seca es una aventura, aumentada a primeras horas. Es por ello por lo que la precaución y la consciencia sobre estos hechos deben ayudarnos a superar estas dificultades. Ya habrá tiempo en verano para arriesgar un poco más de la cuenta en los descensos, pese a que sea de todo menos recomendable.

Las zonas potencialmente de umbría esconden la posibilidad de la existencia de placas de hielo, un buen motivo para pensárselo. Dependiendo de la trayectoria, la caída nos puede incluso lanzar fuera de la carretera, con el peligro que ello conlleva. No sólo en carreteras de altas montañas y altos precipicios y caídas, sino incluso en ciudad o lugares llanos. Ni las cunetas ni el carril contrario son buenos lugares hacia los que ser despedidos.

Es precisamente el descontrol lo peor del hielo. Las ruedas pierden adherencia y a partir de ahí cuentan a partes iguales la habilidad y la suerte, algo a lo que en ciclismo nunca se debe dejar lugar. Ya es un deporte difícil por la convivencia con diferentes clases de vehículos, con los que ante cualquier incidencia la bicicleta sale perdiendo.

¿Cómo poder evitar este tipo de problemas? Dedicando más atención a nuestras trazadas, y, por supuesto, a las que están por venir. Como recomendamos de forma habitual, lo más prudente es informarse de forma previa sobre la ruta a seguir y sus características. Sólo así podemos evitar sustos innecesarios.

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CATÁLOGO DE BICICLETAS

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Carretera

MTB

Paseo

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Un paseo en bicicleta por Madrid Río

Madrid y bicicleta no suelen ser dos conceptos bien relacionados en una misma frase. Como gran núcleo urbano, la capital resulta incómoda para disfrutar de la red de carreteras con nuestra compañera de dos ruedas. Grandes avenidas, autovías y autopistas, calles abarrotadas de tráfico… En definitiva, territorio muy hostil para la bici. Si a eso le añadimos la falta de cultura ciclista y empatía por parte de gran parte de los conductores, tenemos como resultado una forma sencilla de jugarse el pellejo. 

Sin embargo, hay algunos oasis dentro de tantos metros cuadrados de asfalto y acera. El Retiro es una opción muy recomendable, aunque tiene sus limitaciones. Su extensión no es excesivamente grande y para un paseo en bicicleta se puede hacer bastante corto. Madrid Río, en cambio, sí ofrece longitud y un entorno bastante más pensado para la práctica deportiva. 

No todo va a ser bueno, ya que en días festivos y de buenas temperaturas, el mayor problema será sortear la gran cantidad de personas que acuden a disfrutar del deporte al aire libre o simplemente de un paseo con un paisaje bonito de ver. 

Para la bicicleta es ideal, ya que une el sur (Parque del Manzanares) con el norte (Casa de Campo) de la ciudad. Permite, además, el uso de la bicicleta como vehículo de transporte evitando un tramo de gran dificultad si compartimos vía con coches y autobuses. Una vía de escape del mundanal ruido dentro del mundanal ruido. 

Un emplazamiento, además, muy accesible desde casi cualquier punto de la geografía madrileña. La plaza de Legazpi o Príncipe Pío, con multitud de combinaciones de Metro y autobús, o Pirámides, se encuentran muy cerca del parque, siendo cómodo el acceso al mismo si nos hemos desplazado anteriormente en transporte público. El problema es portar la bicicleta, pero ¿por qué no hacer lo fácil y comprar una bicicleta preparada para este tipo de situaciones? 

El mejor día de Samuel Sánchez

Corría el año 2011, cumpliendo diez años de la primera victoria de Euskaltel en el Tour de Francia. Se dio en la mítica cima de Luz Ardiden, en la que Roberto Laiseka fue capaz de imponerse a Lance Armstrong y Jan Ullrich, que aquel día cerraron la batalla en un apretón de manos que dio la vuelta al mundo. 

Como entonces, la etapa incluía el paso por el Tourmalet, el puerto de puertos, el coloso entre colosos. Los Pirineos estaban vestidos de color naranja y Samuel Sánchez venía de haber sido cuarto clasificado el año anterior, apenas a un paso del podio final de París. En la ascensión a la mítica subida, apenas hubo ataques y el pelotón de los favoritos se lo tomó con tanta calma que aguantó de forma casi íntegra. 

En el descenso hacia Luz Saint Sauveur, localidad en la que da inicio el último puerto, tuvo lugar el único intento de uno de los grandes del grupo, Samuel Sánchez. Ningún otro pudo o quiso arriesgar, pero el ovetense tenía un compañero por delante que le iba a hacer un gran trabajo para dejarle al inicio de la subida final con una ventaja interesante, que no definitiva. 

El puerto comenzó y como era previsible, al ser la primera etapa importante de montaña, los favoritos tuvieron dudas, lo que permitió al corredor de Euskaltel aumentar distancias. En un gran estado de forma, consiguió ampliar su escapada hasta que ya sólo un semidesconocido del Lotto, Vanendert, tenía opción de cogerle. 

No fue así y pudo rememorar el décimo aniversario de la primera victoria en el Tour de Francia de un equipo que ya echamos de menos. Euskaltel volvía a estar en boca de todos y Samuel se subía a la pelea por el podio e, incluso, a la victoria final. Después no podría ser debido a un desfallecimiento en la gigante etapa del Galibier, pero ese triunfo quedó para el recuerdo. 

Los grandes días de Alberto Contador

El ciclista actualmente del Tinkoff-Saxo ha tenido una dilata carrera en la élite, donde ha podido conseguir una gran cifra de triunfos. Entre ellos destacan, por supuesto, sus triunfos en las tres grandes vueltas por etapas y multitud de carreras de una semana de duración. Entre sus mejores días hay citas en las que no habrá ganado, pero en los que su fuerza e ímpetu nos levantó del sillón.

Uno de los días más recordados de Alberto tuvo lugar durante el Tour 2007. El ascenso al Peyresourde supuso una mina de ataques por parte del ciclista español, que intentó derrotar al danés Michael Rassmusen. Tras haber ganado la etapa del día anterior, en Plateau de Beille, el de Pinto fue ambicioso y trató de asaltar un maillot amarillo que conseguiría con la descalificación de su rival tras los Pirineos.

Otro de sus días célebres tuvo lugar también en el Tour de Francia. Era el año 2009 y se enfrentaba a la encrucijada Armstrong, con un gran porcentaje de sus compañeros de parte del americano en el conflicto. Ya en Arcalís dio un golpe de efecto y de autoridad, pero no sería hasta Verbiers donde el español sentenció esa edición. Apenas en seis kilómetros arrancó más de un minuto de ventaja a su más inmediato perseguidor, Andy Schleck, que seguía impotente en la distancia la estela del escalador.

Sin embargo, pese a que la mayor parte de la historias relacionadas con Contador han tenido lugar en Francia, la más reciente e imponente de ellas se dio en España, en la Vuelta. Era el año 2012 y Joaquim Rodríguez estaba siendo muy superior en la alta montaña, resistiendo también en la contrarreloj de Pontevedra. Gallina, Ézaro, Ancares, Lagos, Cuitu Negru… recital tras recital el catalán no cedería su trono. Hasta la llegada a Fuente De.

Allí el líder de Saxo Bank diseñó una estrategia que bloqueó a los gregarios de Katusha y al propio maillot rojo, que no tuvo más remedio que hincar la rodilla ante el gran campeón, que lo sería al final de la Vuelta. 

Edad y pasión por la bicicleta

Que la edad en un alto porcentaje está en la mente es una afirmación que a base de repetición ha sido incorporada a nuestro diccionario colectivo de creencias. La ilusión, las ganas y el desgaste psicológico influye en un posible desarrollo deportivo, no cabe duda alguna, aunque el cuerpo finalmente es el que dispone, del que depende si podemos realizar o no un deporte tan duro como es el nuestro, el ciclismo. 

Es bonito ver a personas próximas a los 80 años encima de una bicicleta. ¡Eso es amor al ciclismo! Además permite una lección que bien podríamos aplicar a otros aspectos vitales, una moraleja incontestable. Esa imagen permite reflexionar sobre los valores del deporte, el replanteamiento de dónde están verdaderamente los límites del ser humano. 

Es cierto que no toda persona que alcance una edad avanzada podrá llegar en tan buenas condiciones y afrontar una práctica deportiva tan exigente. Para ello, además de una buena herencia genética tendremos que contar con unos hábitos alimenticios y nutricionales saludables. Sin dejar de lado la práctica de ejercicio de forma regular. En todo caso, también existen grados, no es preciso ser un superhombre ni participar en las marchas más extremas para ser considerado un héroe de la bicicleta. 

Aún juntando todos estos factores físicos y adquiridos, la gran gesta no será posible sin una enorme carga de ilusión y amor por la vida y el deporte. Cuidar el cuerpo y disfrutar al mismo tiempo de una actividad al aire libre y que nos conecta de forma tan directa con la naturaleza vale la pena. 

En este caso, el refranero es sabio: querer hace más que poder, otra verdad asimilada a nuestro diccionario colectivo por repetición y perfectamente aplicable a este caso ciclista. Si amas lo que haces, te sacrificarás para continuar haciéndolo el máximo tiempo posible. 

 

 

Los puertos desconocidos

Hay muchos baremos para medir la dureza de un puerto de montaña. Desde la longitud a las rampas, mezclando ambos factores en diferentes coeficientes y cálculos que sólo arrojan datos que poco o nada aportan al conocimiento de un puerto. Las subidas son relativas. Un ciclista afronta en plena forma el Tourmalet y apenas parece un paseo -entiéndase la exageración-. Sí, hay una dureza objetiva y unos datos que no cambian por muy buenas sensaciones que el ascenso nos haya permitido.

Pero al final un repecho que en alguna carrera puntuaría como de tercera categoría nos puede hacer sufrir más que los mitos montañosos de los que todo el mundo habla. Sí, es un tópico, repetido hasta la saciedad, pero no por ello hay que dejar de respetar los criterios que cada uno quiera formular para clasificar los puertos de montaña.

Sí hay unos puertos que aparecen en cualquier conversación como los más duros. Es unánime que el Angliru, en Asturias, se encuentra entre ellos, pese a que poco a poco vayan apareciendo montes que le hagan sombra. El Mortirolo, agarrado a la mítica de la historia, el Galibier, coronado a gran altura, el Stelvio, el Gavia, los franceses Tourmalet o Aubisque… Siempre circunscritos a las tres grandes vueltas o a las carreras más famosas del planeta. 

Sin embargo, hay otros colosos que pasan desapercibidos y tienen una dureza igual o mayor que estos famosos puertos. Casi todos en España, donde aún queda alta montaña por dar a conocer. El Coll de Pradell, en Cataluña, los puertos de paso granadinos como Haza de Lino o el durísimo Peña Escrita, los gigantes canarios… Y así hasta un sinfín de ellos, ignorados por el ciclismo profesional, pero no por los cicloturistas, que encuentran grandes retos y motivos para salir día a día a dar pedales. 

 

 

Cicloturismo: la importancia de la alimentación

En nuestras salidas debemos planificar absolutamente todo, siendo muy previsores de las circunstancias e incidencias que puedan tener lugar en nuestro recorrido. La ruta debe ser el primer aspecto a tener en cuenta, entre otros muchos parámetros, debido a que nuestro esfuerzo se pueda adaptar a ella.

En todo caso, la alimentación debe ser cuidada, como si del perfil de sierra más duro se tratase, con mimo. Lógicamente, si la cantidad de esfuerzo aumenta, debe aumentar la ingestión de nutrientes. De sentido común.

Como dirían los clásicos del ciclismo, siempre hay que pensar en comer y beber, incluso cuando las piernas aún responden. El medio y el largo plazo nunca debe abandonar nuestra mente, los desfallecimientos están a la orden del día y a la vuelta de cualquier esquina. Un fallo de alimentación nos puede provocar no alcanzar el objetivo que nos hemos propuesto.

Las condiciones climáticas también marcan el tipo de alimento que debemos ingerir. El calor siempre produce un mayor grado de deshidratación, por lo que es conveniente que la ingesta de líquidos sea una constante. En caso contratio, la fatiga llegará antes a nuestro organismo. No quiere decir esto que en tiempos fríos haya que prestar menor atención, más bien al contrario, nunca hay que confiarse. 

Un desayuno apropiado es fundamental para el buen rendimiento en la carretera. El gran esfuerzo que supone el ciclismo requiere mucha energía a nuestras piernas y para ello debemos equiparlas con nutrientes que nos ayuden a llevar a cabo la gesta que supone sólamente subirse a una bicicleta.

Sucede en ocasiones que el esfuerzo nos deja inapetentes. Es cierto que el propio cansancio del organismo oculta las ganas de ingerir alimentos, pero es esencial una buena recuperación. Las salidas en bicicleta no terminan hasta que recuperamos. La alimentación posterior es tan importante como la anterior. Lógicamente no se notará en la ruta que acabamos de terminar, pero sí tendrá consecuencias en las siguientes.

 

 

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