Cicloturista, el cambio de plato grande a pequeño

Es muy común que antes de comenzar una subida que se nos aproxime de forma repentina nos encontremos con un pequeño contratiempo: el cambio de plato. Sin duda, es un momento delicado, ya que en ocasiones no tendremos margen de maniobra y debamos realizar dicho cambio en cuestión de metros y segundos.

Existen zonas donde la irregularidad del terreno y de la ruta nos obligará a constantes cambios de piñón, como es lógico, pero también de plato. Hoy día la mayoría de las bicicletas están fabricadas sobre triple plato. El grande, normalmente, se utiliza más para terrenos llanos o pendientes leves tanto favorables como en subida. Sin embargo, el plato pequeño será recurso únicamente de alta montaña, con las diferentes combinaciones de por medio para adaptar nuestras piernas a nuestra bicicleta y nuestra bicicleta al esfuerzo a realizar.

Ante una pendiente elevada repentina que no esperábamos, ¿qué hacer si nos encontramos rodando con el plato grande? La primera de las opciones es frenar y hacer un cambio al plato intermedio, con el que comenzaremos a ascender. En un breve lapso de tiempo debemos cambiar al pequeño, nunca saltando del grande al pequeño de forma brusca, lo cual puede provocar tres problemas que pueden ser combinables:

Uno/ Que la cadena se salga, con la consiguiente parada para reparar

Dos/ Que sin cadena pedaleemos en falso, lo cual puede producir lesiones musculares

Tres/ Caída lateral

Ante esta circunstancia, hay que realizar los cambios progresivos. Un pequeño truco es recurrir al cambio de piñón en primer lugar, mucho más ágil e instantáneo. En ningún caso comenzar con el plato grande, mucho más ‘torpe’ a la hora de producirse el cambio en ascenso. Con el plato intermedio y un piñón alto conseguiremos un desarrollo que nos permita avanzar durante unos metros en los que poder adaptar nuestra bicicleta a la cuesta en cuestión.

Ciclista, cuidado con el viento

Una de las mayores molestias existentes para el cicloturista es el viento. ¿Por qué? La respuesta es sencilla. Si ya el ciclismo es un deporte sumamente difícil y en el que tener que prestar atención a muchos factores, el viento lo convierte en algo todavía más difícil. Estar pendiente de no salirte de la calzada o no desviar tu trayectoria para evitar caídas o accidentes será una tensión añadida a nuestro caminar.

El ciclista debe saber que el mayor problema viene del viento racheado. Si el poder de Eolo es constante, una vez adaptados al medio, el único inconveniente es tener que ejercer más fuerza en el pedaleo. Por contra, si la intensidad del viento es variable es cuando tenemos realmente una situación de estrés constante.

Un golpe de este elemento nos puede enviar perfectamente a la cuneta o dentro de la carretera, quedando a merced de los vehículos que en ese momento atraviesen dicha ruta. Un riesgo que pondrá en entredicho nuestra seguridad y que pone en peligro la integridad del ciclista. ¿Cómo reducir el peligro?

En primer lugar, hay que tener mucho cuidado con elementos que nos protejan de forma temporal, ya que en el momento que éstos dejen de hacerlo, el golpe perpetrado por nuestro enemigo puntual se dejará sentir. Es cuando más riesgo de desequilibrio existe, siendo un instante que requiere de nuestra atención por completo.

Los adelantamientos de vehículos con más masa que el nuestro -es decir, todos- nos ofrece de nuevo esta misma circunstancia. Dependiendo de dónde sople el modo de paliarlo variará. El modo de enfrentar el viento es virar mínimamente el manillar para que el efecto de empujón lateral se compense. Es mejor avistar los peligros y ser consciente con antelación en la medida de lo posible. Sólo así seremos más efectivos en la lucha por mantenernos erguidos en nuestra montura de hierro. La postura nos ayudará a reducir el rozamiento. Evitar ir muy alto en esos instantes nos dará buenos resultados.

Dependiendo del peso del ciclista, la importancia del viento se dejará sentir más o menos. Lógicamente, un cuerpo más delgado y que ofrezca menor masa será una presa más fácil. En estos casos, es mejor elegir un tipo de ruta más apropiada o, en caso de poder cerciorarse de este hecho, esperar a que amaine o baje su intensidad.

Incluso entre profesionales la aparición de este elemento provoca nervios y tensión que, mal resuelta, provoca caídas y cortes en el pelotón. Todo debido al esfuerzo mental continuo que provoca.

Diferencia entre pedales: rastrales / automáticos

Nuestra bicicleta cuenta con muchos aspectos a tener en cuenta: las manetas, el manillar, las ruedas, el cuadro, el sillín… pero dejamos en muchas ocasiones de lado la importancia de la comodidad de los pedales. Elegir una u otra opción nos va a ayudar o a penalizar, sobre todo cuando no hay solución posible a dar pedaladas. Podemos hacerlo de pie y no utilizar el sillín; podemos correr incluso sin manillar, como algunos monociclistas muestran. Pero en ningún caso podremos montar en bicicleta sin pedales, una parte fundamental y con la que debemos sentirnos lo más a gusto posible.

La energía que podamos ahorrar e, incluso, ganar eligiendo un buen pedal nos será muy útil, sobre todo en las rutas más duras. Cambiar la forma del pedaleo debido a una mala sujección nos puede provocar lesiones musculares. Es por eso por lo que hay que probar todo tipo de componentes y tomar una decisión con conocimiento, valorando todas las opciones posibles en el mercado.

Los rastrales incluyen una pieza en la que se introducen los pies de modo que se puede hacer fuerza sin que éstos se vayan. Se pueden buscar fijaciones más eficaces, pero a riesgo de que en caso de accidente inminente tengamos más complicado saltar de la bicicleta.

Los automáticos tienen la ventaja de que tienen fijación asegurada al 100%. La zapatilla del ciclista queda sólidamente aferrada a la bicicleta, de modo que las piernas pasan a formar parte de la misma, una unidad que nos permitirá ser más eficaces en el pedaleo. Los modernos sistemas actuales permiten que el grado de fijación sea variable y que exista cierta movilidad dentro de la rigidez de este sistema, lo cual le hace ganar muchos puntos.

También podemos encontrar el pedal simple, mucho menos usual, salvo en modalidades no competitivas o de simple ocio. Muy habitual en bicicletas de paseo y modelos pensados para desplazarse por ciudad, más como método de transporte que como herramienta deportiva.

La temporada ciclista ya está en marcha

Tras varios meses de invierno, el ciclismo profesional se pone en marcha. Sí, ya son varias las semanas que los corredores llevan disputando carreras, pero no ha sido hasta esta cuarta semana de febrero cuando las grandes figuras del pelotón han dejado su sello o han debutado. Hoy día todos los grandes se implican en las pruebas anteriores a las grandes vueltas o las grandes clásicas. Necesitan testar que se encuentran en buena condición. Si, de paso, pueden dar un golpe moral a un rival, mejor que mejor.

El pasado fin de semana tuvimos ganando a Valverde, Froome y Contador, tres de los grandes del ciclismo actual. En tiempos de Armstrong y Ullrich, raro era ver a estos hombres, protagonistas fundamentales del Tour de Francia, en batallas que no fueran durante el mes de julio. Por fortuna, en estos tiempos la competición se vuelve activa para los favoritos a las carreras más mediáticas, lo cual favorece que el aficionado sintonice antes con la temporada, que para algunos históricamente ha empezado siempre en París-Niza, a mediados de marzo.

Ese hecho es una bendición para las pruebas menores, que ven cómo la fiebre por conseguir un resultado tempranero les permite tener participaciones muy sólidas y defendibles ante patrocinadores. Ese sentido de la responsabilidad por parte de muchos ciclistas se dejará notar en un futuro no muy lejano -para bien-, lo cual es de agradecer.

Por tanto, disfrutemos una a una las carreras, repletas todas ellas de más de un corredor al que querer ver en acción. Las carreras previas a las clásicas comienzan con marzo y al mismo tiempo los adoquines progresivamente van cobrando protagonismo. París-Niza, Tirreno, Flandes, Roubaix… la primavera ciclista, tan hermosa como esperada. Las bicicletas ya ruedan en busca de los grandes objetivos, esos con los que los genios del pedal nos harán disfrutar y levantarnos de nuestro sillón. ¡A disfrutar!