Alejandro Valverde, ¿éxito o conformismo?

El corredor murciano ha logrado su sexta medalla, tercera consecutiva de bronce, en los Campeonatos del Mundo, en esta ocasión en casa, en Ponferrada. Visto el desarrollo de la prueba y el pobre trazado de la misma, se podría tomar como un buen resultado el tercer puesto conseguido, pero con tal palmarés en el medallero histórico de los Mundiales, ¿por qué no toma más riesgos en busca del único metal que le falta, el oro? Parece que el mismo debe caer por su propio peso, por historial, pero lo cierto es que a sus 34 años las oportunidades se acaban, se alejan. 

La táctica de la selección española en sí no fue del todo reprobable. En el momento de la verdad tomaron el protagonismo que no habían tenido a lo largo de la prueba. Castroviejo, Izagirre, Erviti, Moreno, Navarro y Rodríguez hicieron un buen trabajo en la parte final, abortando fugas y poniendo dureza en el ritmo para que en el momento de la verdad pudiese arrancar un Valverde que tal vez lo hizo demasiado tarde, cuando un corredor tan correoso como bueno, Kwiatkowski, se marchó en un terreno que para un rodador era el idóneo.

¿Por qué no se movió ningún integrante de la selección para ejercer de secante? Aún así habría que hacer otro análisis paralelo: ¿hubiese ganado el oro Valverde de llegar al sprint con Gerrans? El australiano fue más fuerte en la recta final, por lo que la decepción hubiese sido aún mayor quizás. Por ello no se debe achacar conservadurismo a un Alejandro que sí lo intentó, tal vez no a la distancia justa. Pero con el escaso terreno que había para hacer daño (500 metros), se vio un buen rendimiento y presencia, algo que durante toda la carrera parecía que no iba a ser así. El equipo funcionó como eso, un equipo, lo cual es un aspecto muy positivo.

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