Ciclismo y peatones, relación cercana

Los carriles bici, que denostan tanto la integración del ciclismo de las carreteras, han obligado a hacer convivir en muchos casos a los ciclistas con los peatones. Ambos discurren en muchos casos por un mismo cauce, ya sea en parques o espacios naturales en los que caminar y dar pedales son actividades que se producen paralelamente a un metro escaso de distancia.

El problema llega por la indefinición en muchos casos del espacio de unos y de otros. Normalmente las normas lógicas de convivencia están claras, con los peatones procurando no ocupar todo el ancho de los caminos o vías, y los ciclistas frenando y esquivando con sumo cuidado a toda persona o grupo que se encuentren a lo largo del recorrido.

Una gran problema aparece cuando no se respeta esta norma y las bicicletas adelantan de mala forma y a mucha velocidad a los peatones. La bicicleta en esas ocasiones es la perjudicada con determinadas actitudes, aunque no es lo normal. Quizás abrir estos caminos sea una forma de eliminar en parte el problema de las carreteras y los atropellos, por una cuestión simple y matemática: a menos usuarios de las vías para automóviles, menos riesgo de accidentes.

Sin embargo, el gran problema de los carriles bici o compartidos con peatonales, es que la bicicleta queda a medio camino de todo, ni en la carretera ni en la vía para viandantes, ya que en todos los sitios puede generar problemas. La incomprensión del ciclista se hace difícil y tal vez una campaña de convivencia y buenos actos entre todas las partes sea necesaria. Los espacios se pueden compartir sin peligro ni reproches por ninguna de las partes, aunque también se exige respeto mútuo. Otro problema también procede del peatón, que en ocasiones circula por el carril ciclista. Un punto medio sería la mejor solución, sin exclusiones.

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