Ciclista: ¿se nace o se hace?

Es el eterno debate, si fue antes el huevo o la gallina. Hay ciertos aspectos que sí se pueden asignar como innatos al hecho de ser ciclista. Otros, no tanto, sino al hacerse día a día de un carácter fuerte al que han dirigido las circunstancias. La única meta de llegar más allá nos implicará un gran complejo de habilidades mentales. Cambiarán nuestra personalidad quizás para siempre. ¿El ciclista se nace o se hace?

Siempre es necesario un punto de locura para convertirse en ciclista. Más aún con todos los inconvenientes que de primeras y desde el desconocimiento se pueden encontrar sobre nuestro deporte. Las carreteras no son el hábitat más fácil, como tampoco lo son las duras caídas que se pueden sufrir o bien el gran esfuerzo que se puede vivir realizando estas gestas.

Sin duda, también hay un componente que surge y se hace, como esa rabia de aprender de errores, esas pájaras que nos harán recapacitar. Esa listeza que nos hace ahorrar cada mueca que no sea necesaria. Esas energías que sabemos que nunca serán de más. Esas que cuando más necesarias sean, más se las echará de menos.

Ayuda que si aparte de esa voluntad que ha crecido en nosotros, tenemos ese gusto por el ciclismo. Aún habrá un empuje extra que nos hará llegar más allá. Desde luego, el ciclista se hace, porque sino no habría tanta gente que salga en bicicleta hoy día. El debate se podría llevar incluso al punto de la actitud ante el ciclismo. Poses varias, modas, compañerismo con otros ciclistas, u otros tics del nuevo rico.

El ciclista auténtico, el que salta de la cama para montar, sonreír, disfrutar y sufrir a partes iguales es el que realmente merece la pena. El otro tipo, ese que mañana saltará a otro deporte que le permita lucirse, no se puede considerar ciclista, sino usuario de la bicicleta.

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