Cicloturismo por Ávila: la cara oculta de Abantos

Si algo tiene que tener claro un cicloturista es que hay rincones que para descubrirlos es necesario un ápice de esfuerzo. También que hay subidas y retos que acaban siendo bastante más duros de lo que parecen en un principio. Esos son los casos del alto de Abantos, accesible y visible desde El Escorial, escondido y desconocido por la parte abulense. 

Un gran puerto, sin duda. La cara madrileña es la que arroja mejores números, no hay duda, pero no se debe menospreciar una vertiente, la norte, muy exigente. Las rampas no llegarán al 17% como en la otra cara, ni siquiera superarán el 10%. Pero lo pestoso de la subida, con continuos cambios de ritmo, rampas inacabables, rectas mentalmente durísimas. La carretera será buena en gran parte de la ascensión, eso sí, aunque agarra, atrapa. No hay apenas fuentes en la subida, lo cual en días de calor hace aún más asfixiante el esfuerzo.

Comenzamos en Peguerinos, donde bordeando el pantano llegamos a las primeras rampas, muy exigentes. A partir de ahí suaviza un tanto, aunque alterna rampas de buen nivel. Más allá espera el desvío al collado de la Mina, que recibe con un rampón considerable y dejaremos para otra ocasión. Ahora interesa llegar al puerto de Abantos. Los sube y bajas clásicos de terrenos intermedios nos regalarán rampas entre el 8 y el 10%, mientras que algún tramo de descenso nos hará confiarnos. Ahí vendrán nuestros problemas.

No mucho más adelante empieza la zona definitiva del puerto. Una larguísima recta con arboleda a los lados nos lleva a una pendiente que cada vez se hace más grande. Sin ver el final. Es el tramo crítico, el que te retuerce. La rampa rondará el 7-8%, pero la mente dirá «stop» y las piernas sacarán la bandera blanca. Desde ahí, un giro a derechas con las únicas fuentes de la subida (recomendables) nos deja en otra zona que ronda porcentajes similares. Lo bueno es que se ve curveo, se asciende a media ladera. Se ve avanzar el tiempo, si bien en días de calor es una auténtica trampa.

Llegamos a la cima, donde suaviza y nos permite disfrutar de los paisajes alcanzados. Sigue siendo más dura la vertiente madrileña, pero… ¿mucho más? Dicen que todo es relativo y, puede, que para más de uno esta cara de la montaña sea más difícil que la otra.

PD: la bajada hacia El Escorial es muy peligrosa por el mal estado de la carretera.

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