Cicloturismo: cuando llega la crisis

Situaciones difíciles nos encontramos muchas a lo largo de cualquier recorrido que realicemos. Sin duda, el ciclismo es un deporte de sufridores, de ir al límite en muchas ocasiones. Muchas de ellas cuando aún resta mucha distancia para alcanzar nuestra meta real o imaginaria. Ante una eventual pájara, ¿qué hacemos? Muy sencillo.

Lo primero es conservar la calma. No hay nada peor que dejarse atenazar por los nervios, que nos obligarían a perder aún más energía, algo que no nos podemos permitir. La primera consigna es no parar. Una vez hecho esto, sería muy difícil volver a arrancar el cuerpo, que está pidiendo a gritos un descanso y enfriaría en seguida.

Si el desfallecimiento nos llega en subida, debemos subir el desarrollo, hacernos más cómoda la ascensión, avanzando menos en cada pedalada. Se trata de recuperarnos en esta ocasión sin bajarnos de la bicicleta.

Hay que perder el tedio muscular, soltando piernas y estirándolas. Pero la clave estará en la alimentación, en el avituallamiento. Hay que comer y beber. No de forma repentina, sino pausada, dando tiempo al organismo a asimilar dichas ingestas, que deben ser de alto contenido energético. Las soluciones concentradas suelen funcionar. Mientras tanto avancemos sin un fin distinto a recuperarnos. El cuerpo ha puesto la alarma en marcha y hay que conseguir desactivarla. Las marcas las dejaremos para la siguiente ocasión. En los tramos de descanso o bajada no recuperaremos ritmo por nuestro pedalear, se trata de ahorrar energías del modo más conservador posible. Si la inercia de una bajada nos lanza, aprovechémoslo, pero con cuidado de no enfriarnos, de que las piernas o el cuerpo alcancen una temperatura tan baja que nos sea imposible continuar.

En definitiva, en ese momento toca volver a recuperar un estado razonable de fuerza y que el cuerpo colabore en la marcha. Recuperar y ahorrar esfuerzos, además de una buena y constante hidratación y alimentación suelen ayudar (que no evitar) a retrasar este duro proceso.

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