Cómo evitar el cansancio acumulado

Es un problema que únicamente se puede recuperar con descanso físico, psicológico o ambos, siendo aplicado en cada caso el más conveniente. Este mal viene dado por la fatiga retenida durante un largo tiempo de actividad, tras la que no hemos recuperado debidamente.

En muchas ocasiones es inevitable que se dé, ya que es la propia rutina del día a día la que nos lo produce. Por tanto, es imposible esquivar el acumular cansancio. En cambio, sí podemos regularlo, buscar fórmulas para retrasar ese momento límite en el que ya no se puede realizar más esfuerzo.

Una cuestión fundamental es la recuperación de los esfuerzos de forma metódica. Una tarea básica de un buen entrenamiento es un descanso eficaz, por lo que debemos reservarnos tiempo específico e inamovible para esta labor. La asimilación del esfuerzo es lo que realmente nos hará progresar, por lo que nos será beneficioso por partida doble. Recuperar nos hará tener un menor desgaste que arrastrar a lo largo de los meses de actividad.

Conviene, por otra parte, tener un descanso de la actividad. El descanso activo se puede establecer durante un periodo de tiempo más largo, teniendo incluido en él un pequeño lapso para que el descanso lo sea de forma total. Conviene la desconexión porque así seremos más eficaces de cara a conseguir nuestros objetivos. Sólo así podremos empezar de cero sin esa tensión acumulada de la rutina y el estrés diario.

Como siempre, los cambios de actividad no deben ser en ningún momento bruscos. Tanto en sentido ascendente de las cargas de trabajo teniendo en el horizonte el pico de forma, como en sentido descendente vislumbrando el descanso. Depende, por supuesto, del tipo de musculatura y de cómo nos adaptemos a los cambios repentinos. Pero en general es recomendable lo progresivo, que eso sí es adaptable a todos los organismos.

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