¿Cómo son las piernas de un ciclista?

En pocas palabras: una roca. Son la base que nos llevará al éxito o al fracaso, acompañados del resto del organismo, que asistirán mejor o peor a la herramienta que un ciclista mejor debe cuidar. En ocasiones tratamos el cansancio global que produce un deporte tan exigente como este, pero no cuidamos con mimo la responsable de buenos o de malos momentos. 

Una vez nos subimos a la bicicleta dependemos de nuestro cuerpo. Sí, la cabeza, el tórax en su conjunto y todos los demás sistemas tienen mucho que ver, pero el punto de nexo último de nuestro cuerpo con el vehículo son las piernas, que lo harán moverse más o menos deprisa. Vamos, un hecho lógico.

Entonces, ¿por qué no siempre las cuidamos como debiéramos? Quizás por las prisas, pero también debido al cansancio que produce en global a nuestro organismo este tipo de actividad de máximo esfuerzo. Sí, hay que cuidar todos los aspectos, pero sobre todo tendemos a relajarnos, a dejar que las piernas cesen en su actividad de forma repentina, cubriendo el resto del cuerpo con ropa para no dar pie a resfriados.

Sin embargo, hay incluso profesionales que ahora han comenzado a darle importancia al descanso progresivo de la extremidad inferior. Rodillos que permiten ese cuidado, ese decrecimiento progresivo de la intensidad en el esfuerzo. Así se evitan lesiones musculares, muchas, pero también se cobra conciencia de esa mentalidad de no hacer nada de forma brusca.

Lo progresivo suele dar mejor resultado, al igual que es conocido de sobra el beneficio que aporta a todos los niveles. Así el cuerpo -y las piernas- responderán mucho mejor. Tratamientos de fisioterapia, por supuesto, son muy positivos, pero no al alcance de todos. Contrastes de agua caliente y agua fría, pequeños masajes, calor, cremas… Hoy día lo más difícil es no cuidar las piernas.

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