Constancia, la mejor cualidad del ciclista

El ciclismo exige unos cuidados extraordinarios. No sólo a nivel alimenticio o físico, sino psicológico, el más importante, ya que será nuestra mente el gran apoyo para mantener dichas exigencias. Es la parte negativa de un deporte que da mucho por lo que recibe.

Los meses de primavera son los más propicios a la práctica deportiva. Si bien aún a primeras horas del día y cuando el sol se oculta tras las nubes la temperatura es baja, las horas centrales del día nos arrojan un panorama perfecto para rodar con la bicicleta. Disfrutar de este clima templado nos va a exigir no bajar la guardia en invierno y los meses más duros. He ahí la dificultad del buen ciclista, que el descanso es relativo y activo.

Hay ciclistas con clase, con un talento natural para dar pedales más rápido que los demás, para escalar, para descender a toda velocidad. Sin embargo, la constancia es una cualidad sin la que ningún corredor o practicante del ciclismo llegará a disfrutarlo plenamente. Es un hecho que la calidad se dejará sentir, pero sin este aspecto se diluirá como un azucarillo. Aplicable, por supuesto, a cualquier aspecto vital.

Pero más al ciclismo. Y es que pocos deportes hay en los que el esfuerzo sea la constante. Un futbolista tiene la opción de parar, de descansar durante el ejercicio. El ciclista no puede parar desde la salida hasta la meta, a excepción de un accidente o de perder posición con respecto a sus competidores, un lujo que nadie se puede permitir. En cicloturismo no competitivo es cierto que esta necesidad se reduce, pero es en este supuesto el orgullo el que tira de nosotros, de nuestras bicicletas.

Es la grandeza de un deporte en el que si no hay necesidad de un esfuerzo, el propio individuo lo toma como un reto a superar.

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