Cuatro grandes ataques del Tour

Los ataques son la salsa del ciclismo. Más aún cuando se realizan en el epicentro del foco mediático como sucede en pleno Tour de Francia. La lucha por el maillot amarillo en ocasiones ha llevado a algunos corredores a plantear batallas de dimensiones épicas por conseguirlo. Desde épocas ancestrales la montaña ha sido objeto de dichos movimientos, sinónimo de espectáculo, aunque el llano y la contrarreloj también dejaban de vez en cuando perlas para la historia.

Uno de los grandes ataques fue el que protagonizó José Manuel Fuente, apodado Tarangu, ante el también español Luis Ocaña. Camino de Les Orres, en los Alpes, el asturiano lanzó la carrera en la Madeleine, un puerto fuera de categoría que en aquel Tour fue catalogado de segunda. Aún restaban Telegraphe, Galibier y la subida final, pero poco le importó. Sólo un excepcional Ocaña pudo seguir su estela, pudiendo así lucir el maillot amarillo definitivo.

Otro día para recordar tuvo lugar en 1969. Los Pirineos ofrecían una etapa salvaje, repleta de puertos míticos. El belga provenía de su Giro arrebatado por positivo y de un duelo alpino con Pigneon que aún dejaba una puerta abierta al francés para batirle. Sin embargo, tras coronar el Tourmalet en cabeza se dejó ir en el descenso hasta comprobar que se encontraba absolutamente solo. El Aubisque lo hizo ya en solitario, ganando la etapa y logrando más de siete minutos para imponerse en el que sería su primer Tour.

El Tourmalet sería objeto de otra gesta decisiva, coronando a Indurain y dando moral a un correoso Chiapucchi, que es el protagonista de las siguientes líneas. El italiano del Carrera atacó de salida en una etapa durísima camino de Sestrieres. Ocho horas sobre la bicicleta que pusieron en apuros a un apajarado Miguel Indurain, que salvó el amarillo, aunque a punto estuvo de sacar la bandera blanca.

Otro italiano protagonizó un espectacular demarraje que aún perdura en la retina de los aficionados. Fue el añorado Marco Pantani, que tenía en Ullrich a su enemigo número uno en aquella edición. El líder parecía sólido, pero el de Mercatone probó fortuna entre el aguanieve del Galibier para endosarle nueve minutos en meta al teutón, que tuvo que claudicar ante el mítico escalador.

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