Dublín, la ciudad verde, en bicicleta

La capital irlandesa se mueve en bicicleta. Su corazón sigue siendo urbano, con movimiento de coches y bullicio. Pero entre toda esa marea de gente, de tráfico y de movimiento, se abre hueco la bicicleta. Un vehículo limpio, eficaz en tiempo, respetuoso y útil en una ciudad no tan grande y que no requiere de grandes distancias para recorrerla. 

Nadie debería perderse dar un paseo por la bella Dublín practicando su deporte favorito. El respeto por el ciclista es máximo, la cultura de la bicicleta se ha adueñado desde hace años de una de las capitales más bonitas de Europa. Ya desde la propia O’Connell Street se puede comenzar un recorrido por los lugares más emblemáticos. Lo bueno de esta conocida calle es que puedes desplazarte por las amplias aceras. Hay mucho tránsito de gente, eso sí, no vayas muy deprisa. Y cuidado con las gaviotas, las dueñas de la urbe.

Pronto llegamos al Liffey, el río dublinés que recorre su corazón de oeste a este. Es recomendable dejarse llevar por la orilla, pasear al atardecer, descubrir los reflejos y colores que ofrece y lo distinta que es la ciudad dependiendo de la altura a la que nos encontremos del río. Utilizaremos el puente de Ha’ppeny para cruzar hacia la zona de Temple Bar, el centro histórico de la ciudad.

Allí hay muchos lugares para tomar un refresco, una pinta, pero sobre su adoquinado asfaltado, hay un encanto especial. Todas las casas siguen un mismo formato, una misma línea. Es genial recorrerse estos ambientes en bici. El Parlamento, el Trinity College, que podremos visitar por dentro de su gran área. Espacios verdes y magníficos nos esperan.

Graffon Street es otra garantía de disfrute. Se debe recorrer e ir parando por las tiendas que ofrece. Recomendadas las librerías, donde encontrar ejemplares que sólo podrás adquirir aquí. Recomendable también, por supuesto, la amplia sección de ciclismo que todas tienen. Al poco llegaremos a Saint Stephen’s Green. Se debe visitar y recorrer en bici. Es una maravilla, un pulmón dentro de un aire tan limpio como el de Dublín.

De aquí iremos a Saint Patrick’s Cathedral, una obra maestra del siglo V. Nos quedan por ver, muy próximas, Dublinia y la otra catedral de la ciudad, fundada por los vikingos en el siglo XI. El castillo y el ayuntamiento son dignos de ver para redondear un paseo en bici magnífico.

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