El Angliru, el rey del ciclismo

En 1996 una persona invidente envió una carta a la organización de la Vuelta a España. Enrique Franco, director de la prueba, trabajó desde entonces con vistas a incluir esta soberbia ascensión en un futuro. Sólo dos años después se daría a conocer el bombazo, el puerto que cambiaría por completo la historia de la carrera y la comenzaría a equiparar a las otras dos grandes, todo un logro. Sin embargo, la grandeza del Angliru iría muchísimo más allá. 

La montaña riosana aún sigue en el olimpo, en el podio de montañas más crueles jamás vistas. Cierto es que internet y los nuevos y constantes descubrimientos de paredes verticales asfaltadas hacen que sus números puedan quedar eclipsados. Pero su nombre, prestigio y fama no han ido a menos. Incluso ha superado el impulso dado por el ciclismo profesional para ir más lejos, para ser una referencia del cicloturista, que tiene en Asturias un santuario, un reto que afrontar al menos una vez en la vida.

De hecho, el Principado ha dotado a la zona de infraestructuras para recibir a este tipo de ciclismo, desde la indicación en todas las rampas de sus porcentajes, de la señalización de las zonas duras, o de la apertura de instalaciones hoteleras. Incluso las mejoras del firme en algunos tramos de acceso. Sin ir más lejos se está hablando de reasfaltar una variante que comienza en la localidad de Santa Eulalia para favorecer el tráfico hacia el área recreativa de Viapará.

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Aún ha seguido siendo una referencia a nivel mundial en el ciclismo profesional. De hecho, sigue siendo un filón de aficionados a pie de cuneta, pero también de audiencias y titulares de periódico. Una bomba mediática que cada dos o tres años remueve el mes de septiembre para dar marcar la diferencia con respecto a otras subidas, puede que igual de duras… o no. Pero no de igual repercusión.

Durante un tiempo nadie hablaba de otra cosa. Corría el año 1998, con el mundo del deporte español mirando más a la dimisión del seleccionador de fútbol español, Javier Clemente, la política giraba en torno al gobierto de Aznar, las políticas económicas, las burbujas y la tregua de ETA. Entre toda esa atención mediática estaba la conversación sobre un puerto de grandes rampas que nos pondría a la altura del mítico Mortirolo, aquella subida que dejó un recuerdo en todos los aficionados como el puerto más duro del mundo.

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Hoy en día Asturias sigue siendo un filón para atraer cicloturistas. Una maravilla paisajística, deliciosos puertos a escalar, incluso fuera de los famosos, algunos escondidos esperando ser algún día conocidos. Pero el Angliru y su alargada sombra sigue latente. El rey, Angliru.

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