El Angliru, la prueba del algodón

No hay otro puerto igual. Los hay más duros, aparecen subidas imposibles en varios países que intentan hacerle sombra. Pero no hay manera, la subida asturiana sigue siendo la reina de todas con cuantas sea comparada. Sus rampas, además de criminales, son constantes en lo salvaje, en lo inalcanzable. Con lluvia son un coto prácticamente cerrado a unos pocos, sin posibilidad de levantarse sobre el sillín para hacer más fuerza. 

El tramo de la Cueña les Cabres, pese a ser el más empinado con un 23,6%, no es el que se hace más complicado. Son las cuestas posteriores, también sobre el 20%, las que nos harán sufrir de lo lindo para alcanzar el falso llano de la cima. Para superar esa criminal pared no habrá otro remedio que dar absolutamente todo encima de la bicicleta, lo cual después nos habrá dejado completamente vacíos. A partir de esa rampa, todo debe ser superado a base de voluntad y mentalidad de hierro. Sin lugar a dudas, no apto para todos los públicos.

El gran problema añadido es que para llegar a la base de esta subida hay que superar algún que otro puerto. Riosa está encajado en un valle donde las montañas duras rodean con esplendor la subida al Angliru. En pocos kilómetros se pueden encadenar varias ascensiones de primera categoría, lo que posibilita la opción de llevar a cabo retos casi inalcanzables y culminados en una ascensión mítica. Cordal, Cobertoria, Tenebredo, San Lorenzo, Gamoniteiro, Cubilla… un auténtico recital de montañas como es el Principado.

Otra de las ventajas del coloso riosano es la ubicación privilegiada que posee con respecto a otros puertos. La proximidad a Oviedo y Gijón nos permite un traslado cómodo a un núcleo de población importante. Aeropuerto a escasos 50 kilómetros y comunicaciones por carretera le dan un valor excepcional a un puerto absolutamente único, por mucho que los imitadores afloren.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *