El ciclista de la noche

Puede que suene de por sí peligroso, pero sí, hay muchos ciclistas que practican su deporte por la noche. El estrés diario hace necesario una desconexión que en muchos casos sólo permite la bicicleta y el rodar con ella, dejando atrás los problemas del trabajo o de la vida personal de cada uno. Ello hará que las únicas horas disponibles a lo largo del día para practicar ciclismo sea a últimas horas de la tarde. En verano, es incluso un momento inmejorable, con una temperatura más agradable que durante el resto del día. 

Con el cambio de hora producido tras el primer mes de otoño, la noche cae antes sobre los ciclistas, a los que no queda más remedio que adaptarse a dicha situación lumínica. ¿Cómo? Es obligatorio llevar prendas reflectantes. Lógicamente, la visibilidad cuando no hay luz natural disminuye, por mucho que la iluminación de las calles en ocasiones permita ver con cierta claridad. Pero no hay que confiarse, los viandantes y conductores han tenido un día largo y los reflejos no son los mismos.

Además, hay que llevar una luz delantera y otra trasera, roja, para anunciar la presencia de nuestra bicicleta, un elemento en ocasiones con mucho peligro, sobre todo en aceras. Con estas medidas, no debe haber mayor problema en que circulemos de noche.

Hay ciclistas que utilizan gafas para protegerse del sol y de las partículas que puedan amenazar la integridad de sus ojos. Lógicamente, en horas de poca o nula luz, vamos a evitar utilizar un elemento que puede crearnos más problemas que ventajas. Sí, protegemos nuestros ojos, pero también nos reducen el campo de visión, de modo que podemos sufrir mucho más fácilmente un accidente o, por qué no, provocarlo muy a nuestro pesar. La precaución debe ser extrema en ese sentido para evitar sustos innecesarios.

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