El primer Tour de Miguel Indurain (1991)

Corría el año 1991, una temporada en la que Pedro Delgado se preveía como la gran cabeza visible de un ciclismo, el español, en el que aún resonaba lo insólito de su gran victoria, el Tour de Francia. Tras varias demostraciones de poderío en las ediciones de 1989 y 1990, un navarro larguilucho que vestía los colores del Banesto se alzaba con la victoria en la primera contrarreloj larga de aquella edición. Lemond y compañía se vieron batidos por un inesperado rival, aunque lo mejor estaría por llegar.

La primera tentativa de los Pirineos entraba en España. Jaca recibió a los ciclistas españoles más con enfado que con aplausos por la falta de combatividad. No eran conscientes de lo que iban a presenciar, un momento histórico que iba a cambiar el ciclismo español por completo.

La segunda etapa pirenaica y reina de aquella edición del Tour llevaría al pelotón desde la localidad oscense hasta Val Louron, cima inédita en la ronda francesa. Portalet, Aubisque, Tourmalet, Aspin y la ascensión final jalonaban los más de 230 kilómetros de una etapa durísima cuyo inicio no fue muy esperanzador, siguiendo la tónica del día anterior. Sin embargo, todo estallaría en el Tourmalet, el puerto mítico por excelencia de los Pirineos franceses. En el descenso abrirían hueco Miguel Indurain, aquel potente corredor que había ganado años anteriores en Cauterets y Luz Ardiden y la crono de ese mismo año, y el incómodo Claudio Chiapucci.

El acuerdo era claro entre ambos: para el español el amarillo, para el italiano la etapa. Así llegaron a meta, mostrándose como los dos ciclistas más fuertes. Sólo la crono dejó al ‘Diablo’ del Carrera sin el premio del segundo puesto en la clasificación general, siendo adelantado por Gianni Bugno en el cajón de París. En los Campos Eliseos sonaba el himno español por cuarta vez, tras las gestas de Bahamontes, Ocaña y Delgado.

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