El sentimiento ciclista de Bélgica

Hay países de mayor y menor tradición ciclista. Ninguno como Bélgica, donde se han gestado los primeros grandes campeones del ciclismo profesional: Maes, Deloor, Thijs… hasta llegar a Merckx y los dominadores de las clásicas de los 90 y los años venideros como Museeuw, Gilbert o Boonen, auténticos mitos que han hecho a lo largo de los años que los belgas sean uno de los países con mayor afición al deporte de la bicicleta. 

No sólo en práctica, que también, con numerosas facilidades para practicarlo, como, por ejemplo, viaductos construidos únicamente para el uso de cicloturistas. Bélgica también ha creado algunas de las más grandes y famosas clásicas del calendario profesional, con una gran cantidad de seguidores a nivel internacional y mediático. Creadoras de mitos y leyendas, las más importantes han superado ya su centenario, lo que da idea de la tradición que aportan.

En parte gracias a este poderío de las pruebas de un día, en los últimos tiempos el ciclismo belga no ha generado un favorito a ganar una gran vuelta, una añoranza melancólica de los tiempos de Eddie Merckx, el gran dominador del ciclismo y considerado como el mejor de todos los tiempos casi de forma unánime. Esa presión creada por la tan alargada sombra del ‘Caníbal’ ha provocado que los nuevos corredores hayan focalizado sus esfuerzos hacia las clásicas. Así, han surgido mitos como Johann Museeuw o Tom Boonen, que han marcado una época en las clásicas del norte, o Philippe Gilbert, que se ha centrado más en las Árdenas, aunque ha intentado ir a por el Tour de Flandes.

De Ronde y la Doyenne, la Lieja-Bastogne-Lieja, han tenido mucho que ver en ese calado que el ciclismo profesional siempre ha tenido en el pueblo belga. Pero a través de ese círculo también ha calado en el cicloturista, que imita a sus ídolos en pruebas que recorren esos lugares míticos y evocan ese ciclismo de antaño.

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