El sol, aliado y enemigo del ciclista

El astro rey ilumina todo a su paso, cediéndonos la posibilidad de disfrutar y contemplar paisajes y peligros, avistar siguientes obstáculos a sortear. Muchas bondades nos ofrece, como el calor en meses fríos o puntos de referencia temporales y de orientación, información disponible para quien sepa descifrarla. En cambio, no todo lo que nos aporta el sol es beneficioso. La exposición excesiva a sus rayos nos producirá diferentes daños en el cuerpo, así como nos puede afectar, por ejemplo, a nivel de hidratación.

Como estos efectos en muchos casos pueden ser muy perjudiciales, se deben tener en cuenta algunas acciones que nos ayudarán a paliar o evitar ese perjuicio. En primer lugar debemos proteger en todo momento nuestra cabeza, el centro de operaciones y cuya exposición excesiva nos puede regalar mareos o desmayos a bote pronto. Entre otras muchas afecciones a largo plazo.

El sol también es fuente de vitamina D, muy necesaria para nuestra piel. Como en todo, la virtud está en el punto medio, ni exceso ni defecto. Son bastantes conocidos los efectos nocivos de un consumo excesivo de los rayos ultravioletas en el organismo, pudiendo ocasionar aparición de melanomas (cáncer). Ante tal tesitura habrá que recurrir a cremas que filtren su acción y reduzcan sus efectos. En todo caso, convendrá hacer descansar al cuerpo en un lugar refugiado del sol.

En meses estivales, tendremos que tener cuidado también con el calor, debiendo paliarlo y compensarlo con consumo de líquidos. También con prendas que transpiren el sudor y, a poder ser, de colores claros -reducen la sensación de calor-.

Por otra parte, el sol nos afecta a nivel visual. Para bien, ya que nos ayudará en algunas ocasiones a distinguir objetos y obstáculos, pero también para mal, pudiendo crear ilusiones ópticas o desgastar nuestra visión. Las gafas en este sentido nos serán muy útiles.

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