Fabian Cancellara, el anhelo del gran campeón

El ciclista suizo se retira esta temporada dejando tras de sí un montón de tardes de gran espectáculo. Clásicas, cronos, grandes vueltas, monumentos, muros… Es difícil no imaginarse a Fabian en cabeza del grupo, dejando tras de sí un reguero de ciclistas. Incapaces todos de seguir su endiablado ritmo en pos de su objetivo. 

El hueco tan grande que deja en el mundillo. En su equipo va a ser tan grande que sólo el fichaje de otra de las grandes estrellas de la década, Alberto Contador, puede paliarlo. Sin embargo, el liderazgo que ejercía se echará en falta. Cuando llegue la primavera no habrá nada que hacer. Nadie puede suplir la ausencia de un hombre que daba sentido a varias carreras. Sin duda, una lucha encarnizada entre el pelotón, muchas veces un grupo de favoritos, contra él.

En algunas ha salido victorioso, imperial, con facilidad. Así ha sido él en el ciclismo, dando lecciones de clase, de rodar en solitario. Contrarrelojes en carreras en línea. Nadie ha machacado tanto a sus rivales como él en el pavé. Tres victorias en el velódromo de Roubaix y tres en Flandes, un palmarés histórico al que añadir una Milán-San Remo, cuatro oros en el Mundial contrarreloj y dos en las Olimpiadas. Tantas y tantas gestas, con muchas en las que no salió victorioso. Pero que quedarán igualmente en el recuerdo.

Sus duelos con Boonen en las clásicas o con Tony Martin en las cronos han sido un clásico de la última década. Legendarios momentos en los que se llegó a especular que el de Berna incluso llevaba un motor en su bicicleta, tal era su superioridad. Un hombre capaz de parar todo un pelotón, un capitán por encima de otros que quizá hayan gozado de más fama. Anunció su adiós y dijo adiós, un hombre con mucha determinación y carácter. Quería despedirse desde lo más alto, y lo hizo.

Le faltó algo en la alta montaña, donde incluso cuando se lo propuso. Rindió a buen nivel, imponiendo un ritmo tan alto que hacía sufrir a escaladores puros en su terreno. Ganaría la Vuelta a Suiza, la de casa. Y la Tirreno-Adriático, entre otras muchas. Su personalidad le llevó a aprovechar sus cualidades al máximo, cambiando incluso de equipo por no estar convencido de la dirección tomada. Surgió como gran estrella en el Mapei, una gran promesa, confirmada con el director Bjarne Riijs. El danés no pudo contar con el suizo cuando firmó a Contador. Ahora el pinteño se cruza en la trayectoria de Fabian precisamente ocupando su lugar en el Trek-Segafredo, con Riijs ya apartado del ciclismo.

Es un corredor que sólo se ve de tiempo en tiempo. Costará volver a ver un ciclista de este nivel, capaz de llegar a estas cotas. Alguien que ha decidido carreras por estar tan vigilado, por ser temido, por ser casi imbatible. De no haberlo estado, quién sabe dónde hubiera parado la cuenta.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *