La soledad de la bicicleta

El autor de las pedaladas elige este deporte porque en él encuentra motivos para sacrificarse, buscar el más allá, ponerse metas. No es algo sencillo de encontrar en la vida, donde cada día debemos dar el do de pecho para superar barreras. Pocos sitios permiten ensayos, pruebas de gran resistencia mental, donde lo más fácil es la retirada y lo más complicado, seguir adelante. 

A veces pinchazos nos intentarán dejar sin llegar al objetivo, sí. Pero no por ello el ciclista, ese deportista con sed de retos, hecho de otra pasta, permitirá que eso pase. No importa lo que cueste, el propio orgullo no le permitirá abandonar, duela lo que duela. La rendición es la última opción, y cuando eso sucede es una cuenta que queda pendiente para la próxima. Esa mentalidad crece en el ciclista, por eso es tan provechoso incluso para la vida personal. Las montañas no son tan altas si sabes que las puedes escalar con constancia. Los retos no parecen tales si sabes que con constancia los vas a lograr.

La soledad del ciclista se debe principalmente al alejamiento de sus propias tareas. Si se toma como ocio, el deporte sirve como desconexión (de las obligaciones) y como conexión al mismo tiempo (con uno mismo). De hecho, las personas sometidas a estrés diario deben ejercitarse, es muy eficaz. No digamos ya si eligen coger su bicicleta y llegar a rincones que nadie podría imaginarse. Perderse a veces ayuda a encontrarse.

En ocasiones el grupo ayuda a seguir adelante, empuja, alienta. Es cierto. En esos momentos malos, el ciclista es solidario, ayuda, espera, tira, mima a quien lo necesita. Hoy por ti, mañana por mí. En ese momento de la verdad el ciclista no está solo, siempre que haya alguno más alrededor, claro. Es otra lección vital que el ciclismo te da, un aporte de fuerza grupal, otra de las claves del mundo moderno que no garantizan, pero acercan el éxito.

Hay ciclistas que son más leales que otros, aunque una gran mayoría lo son. Los hierros con los que has subido, sufrido y llegado a tus límites, son tus hierros. Cierto es que puedes comprar una bicicleta mejor, de mayor gama, pero ese sentimiento de lealtad, de amor hacia tu bici, de agradecimiento por acompañarte en esos momentos de reflexión en soledad. Eso sólo pasa en el ciclista, un deporte tan noble y más útil de lo que pueda a priori parecer.

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