¿No sería mejor la Vuelta en abril?

La carrera española, tercera grande del calendario, se ha aupado en los últimos años gracias a recorridos nerviosos, llamativos y que han protagonizado batallas entre grandes nombres del pelotón internacional. En cambio, se observa cierto cansancio de la atención mediática, quizás por el exceso de un modelo que ha llevado a la carrera a repetir desenlaces pese a que el argumento haya sido entretenido. 

En el momento que llega de la temporada depende en toda medida de lo que haya sucedido con anterioridad. La Vuelta se ha visto favorecida de una serie de ediciones del Giro y el Tour donde apenas ha habido emoción y titulares que contar en el día a día. La emoción ha sido una de las características que ha ayudado al crecimiento de la ronda hispana. También la ilusión y el inconformismo, la búsqueda de nuevas fórmulas. Pero sucede que llegado un año olímpico como este, la nómina de participantes ya no será tan exitosa como en anteriores ediciones.

Bien es cierto que las fechas han favorecido que los mejores del ciclismo acudan a salvar o mejorar su temporada o a preparar el Mundial. Pero este hecho está dejando de suceder, ya que el calendario ofrece hoy en día alternativas que bien pueden ser más atractivas para preparar este tipo de carreras. No producen tanto desgaste y contienen etapas de un kilometraje mayor, buscando preparar en las mismas condiciones que se celebre el Campeonato. ¿Qué sucede cuando se depende de una carrera que puede presentar un recorrido totalmente llano varios años seguidos, como sucederá esta temporada? ¿Se hará un recorrido con etapas llanas para preparación de los velocistas? Más bien se sigue apostando por la audiencia fácil del final en alto llamativo, corto y repleto de público.

 

BICICLETAS ROCASANTO …

MONTAÑA / FIXIE / PASEO / PLEGABLES / CARRERA … 

 

Por tanto, la ilusión del aficionado en septiembre ya no es la misma que, por ejemplo, se puede afrontar ante un Giro de Italia que no deja de ser la primera grande y se toma con más ganas de devorar ciclismo. El clima puede ser menos benévolo en abril, pero también los meses de agosto y septiembre se dan escenas de calor extremo que son poco o nada atractivas. Los paisajes que se muestran por televisión lucirían más. Al encontrarse en dicho periodo las etapas podrían ser de otro pelaje, ya sin la manida excusa de diseñar jornadas unipuerto para atraer una mayor participación y evitar el cansancio del octavo mes de competición en una temporada cada vez más larga.

Recorrido exigente, mucho más atractivo, participación rica en corredores de fondo y no únicamente en cabezas de cartel, que es lo que suele venir sucediendo en las últimas ediciones. La tendencia ha cambiado y los corredores ya no se plantean hacer únicamente el Tour. La única pega sería celebrarse antes de este, con la pléyade de estrellas que se recogen debido a caídas o gatillazos.

Aquí el problema estaría en que el recorrido seguiría siendo anodino (la excusa de septiembre es únicamente eso, una excusa), evitando la dureza que conlleve un desgaste de cara al Tour y pueda espantar a los más glamurosos contendientes. ¿Ha dejado de ser la Vuelta atractiva? No del todo, pero sí se denota ya cansancio del modelo del muro y la etapa reina en territorio extranjero. Incluso los corredores que tienden a participar son cada vez más especialistas en la escalada. En una gran vuelta debería haber toda clase de ciclistas, no únicamente los que sepan trepar por rampas del 20%.

Viendo y analizando el desarrollo de las etapas, es triste ver que sólo un 10% del pelotón disputa la carrera. El resto intenta llegar a la meta de la forma más honrosa posible. A uniformidad de escenarios, uniformidad de protagonistas y desarrollos. Sólo algún genio como Contador o algún inconformista como Fabio Aru, apoyado no olvidemos en un muy superior Astana, han podido romper el esquema pre-establecido por la organización.

También se pueden retocar aspectos que no funcionan como la no combatividad que existe por el maillot de la combinada. Se puede conservar por un aspecto económico aunque no a costa de otros premios como el de mejor joven, que nos puede ayudar a promocionar a algún joven valor. Sin mencionar la manida reducción de fechas, algo que no entra en los planes en principio, se pueden plantear cambios de fecha, formato o concepto. Es necesario que ya que se ha llegado a un nivel de aceptación y repercusión se permita a la carrera crecer más. ¿Un cambio a abril? La Vuelta no es la misma que hace 30 años, sin ninguna duda. Puede que haya llegado el momento de planteárselo a través de la innovación y la constante renovación del librillo.

No quiere decir que este sea su peor momento. Sin embargo, haber ubicado las etapas reinas en Francia y que el resto del recorrido sea monótono y diseñado sin la imaginación de otras ocasiones ha provocado que apenas se hable (ni siquiera para mal) de la presentación del recorrido en enero. La presencia de corredores en la misma fue paupérrima, con un único representante entre los considerados grandes. Otro de los daños colaterales de presentar fuera de fecha, cuando los ciclistas se encuentran ya concentrados en la otra mitad del globo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *