Pagomakurre (monte Gorbea), el puerto más duro de Euskadi

Euskadi es una de las regiones más aptas para el cicloturismo de todo el planeta. Sus paisajes, siempre verdes, sus carreteras, auténticos circuitos de curvas y rampas, su variedad de carreteras, de puertos, de ciudades, costa, mar, montaña, valle, gastronomía, temperatura… Entre sus subidas más famosas y escaladas están Urkiola, el Vivero, Orduña, Arrate, Azurki, Jaizkibel, Aia, y un sinfín de puertos que año tras año suenan por un motivo o por otro en el mundillo. 

Sin embargo, hay algunos otros que son poco o nada conocidos para el gran público. Entre ellos está el puerto que nos ocupa. Se trata de una subida con unos números excepcionales y que una vez ascendido y reconocido, da pena que no se haya ascendido aún en carreras profesionales, ya que daría muchísimo juego.

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Nos acercamos a Areatza, localidad coqueta, aunque pequeña, siempre con el Gorbea en nuestras cabezas. Giramos a la indicación de Parque Natural del Gobea, una vez nos adentramos en la localidad dejando la carretera nacional y siendo recibidos por un precioso adoquinado. Una vez tomado el cruce, en una amplia plaza, proseguimos paralelos al río Gorbea. La calzada no es muy amplia en este tramo, aunque después nos hará muy cómoda la subida, incluso si en fin de semana nos encontramos con varios coches ascendiendo a las áreas recreativas.

Pasado este tramo, el puerto se pone serio. El asfalto mejora, se hace más ancho, y desde ahí no hay más que hacer que disfrutar de la escalada. En lo que se pueda. Pronto empiezan algunas curvas de herradura durísimas (ver imagen) que nos ponen los pelos de punta. La rampa máxima será del 14% fuera de las salvajes curvas. La ganancia de altura nos permitirá ir divisando la comarca. En días claros es una maravilla.

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El tramo central del puerto es el más duro, con tres mil metros sobre el 11%, muy sostenido. Tras un kilómetro de descanso llegamos al área de Larreder. Una zona donde aparcar y pasar un día de campo. Las vistas son espléndidas cada vez más, con Areatza justo debajo de la montaña, muy lejano. Aún nos queda otra fase de la subida, quizás la más misteriosa y la más sorprendente. Serán dos kilómetros, duros, pero no extremos como los anteriores. Lo novedoso vendrá en el envoltorio, la protección de la vegetación. Puede ser verano que se hará de noche.

Las curvas de herradura dan una sensación de dureza increíble, aunque no será tanta. Tras salir un poco a un claro, volvemos al encanto del bosque para coronar en Pagomakurre, un parking que recibe decenas de visitantes al día, por su conexión a pie o en bicicleta de montaña con el Gorbea, el monte más alto de Euskadi.

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Una vez alcanzada la última rampa, parecemos emerger de otro mundo, ese último tramo tiene un encanto especial y hace de este coloso algo distinto. En la cima tendremos fuentes y áreas recreativas donde recuperar de nuestro enorme esfuerzo. Las vistas sobre el pico estarán siempre presentes, siendo difícil no encontrar motivación para continuar. Pero lo dejaremos para mejor ocasión. Ahora toca descender de nuevo hacia Areatza, con la precaución de no dejarnos coger demasiada velocidad en las empinadas rectas de bajada.

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