Paris-Roubaix, madre de los adoquines

Este domingo se disputa la prueba por antonomasia de la temporada de adoquines, que además casi da por cerrada la misma. La Paris-Roubaix es esa prueba prácticamente llana que casi nunca se decide en un sprint de más de cinco ciclistas. Una prueba por ello extraña y que tiene su encanto en los tramos de adoquín. A diferencia de Bélgica, aquí no hay colinas que ascender y no hay por lo tanto cuestas. Las diferencias son cuestión de potencia y habilidad sobre un terreno complicado como ninguno. Una prueba distinta y apasionante.

El origen de la prueba data del S.XIX. La sociedad industrial estaba en pleno apogeo, y empezaban a tener eco las carreras de locos aventureros que montaban en ese artilugio tan moderno que era la bicicleta.  En 1896 se corrió por primera vez, siendo solamente suspendida los años de la 1ª y 2ª guerra mundial.

En sus inicios la carrera era una prueba sobre caminos de tierra, pues no existian apenas carreteras asfaltadas. El pavé entonces no era tan determinante como ahora, pues los caminos solían estar encharcados y mantenerse sobre la bicicleta ya era una hazaña. La carrera fué cambiando con el paso de los años. Ya desde 1920 la carrera se ganó el sobrenombre del «Infierno del Norte» al transitar por vias duramente castigadas durante el conflicto militar.

Después de la Segunda Guerra Mundial la carrera volvió a cambiar y fué durante un tiempo territorio para rodadores puros. Debido a la reconstrucción tras la 2ª Guerra Mundial, los caminos característicos de la Roubaix se asfaltaron, provocando que disminuyera la dureza. En los ´60 las velocidades medias rondaban los 43-45 kms/hora y apenas había 25-30 kms de adoquín en cada edición.

Eso cambió poco a poco, estrenándose el tramo del Bosque de Aremberg, luego llamado Trinchera de Aremberg. En los ´80 se añadieron dos tramos más de similar dificultad: Mons en Pevele y Carrefour de l´Arbre. La carrera fué añadiendo tramos de pavé hasta los 52-54 con los que cuenta actualmente. Los tramos más duros en 2015 se pasarán a 100 kms (Aremberg), 50 kms (Mons-en- Pevele) y 20 kms (Carrefour de l´Arbre) de la meta de Roubaix. Serán los que seleccionen una carrera en la que siempre es importante el factor meteorológico: la presencia de lluvia multiplica la dureza.

 

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