Reflexión sobre el ciclismo ofensivo, Nibali y Contador

El ciclismo no pasa por sus mejores días de ofensividad y espectáculo. Tampoco por los peores, bien es cierto, pero sí se puede decir que salvando a dos o tres corredores que por costumbre corren dándolo todo desde el minuto uno, la gran mayoría del pelotón se ha dejado seducir por las nuevas tecnologías, que miden la capacidad de esfuerzo y calculan al segundo los ataques y alardes. Es por ello por lo que cobran especial fuerza dos nombres que estuvieron a punto de estar enfrentados en el pasado Tour y que el destino luchó por separarnos de tal espectáculo. 

Contador se dio a conocer en el Tour de Francia de 2007, al menos para el gran público. Dio una exhibición de ganas en la subida a Tignes, en Val d’Isere. Pero no sería hasta el día siguiente cuando nos regalaría un auténtico etapón. En la subida al Galibier su compatriota Valverde no dejaba de arrancar por rabia y clase. Hizo mucho daño, tanto que sólo Cadel Evans parecía aguantar su rueda con cierta facilidad. Sin embargo, el madrileño aprovechó uno de los parones para lanzar un latigazo que le hizo conectar en la cima con su compañero George Hincapie.

Un minuto después coronaron los favoritos, que gracias al trabajo de José Iván Gutiérrez pudieron enlazar, no sin dificultad y cerca de meta. Dio un aviso de lo que esperaba, un corredor valiente que gana por las buenas o por las malas, siendo el mejor o el más listo, como demostró también en la Vuelta a España de 2012.

Nibali, por su parte, es otro tipo de corredor imprevisible. Aún yendo de líder, no permite que nadie se olvide de quién da espectáculo sobre el asfalto. Un genio que quizás no tenga tanto motor, pero gracias a esa valentía ha logrado un sinfín de victorias, muchas imprevisibles y en situaciones en las que ni el más optimista se podría imaginar.

Gracias a ellos, aún conservamos vestigios del ciclismo del pasado, ese que nos rememora a la épica griega y latina de epopeyas al límite de las fuerzas y las emociones a flor de piel. Gracias, Vincenzo. Gracias, Alberto.

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