Ruta cicloturista por Extremadura: Miravete y el curso del Tajo

Partiremos de la bonita localidad de Navalmoral de la Mata, inicio de nuestra ruta. El tiempo está cambiante, por lo que estaremos preparados para cualquier tipo de accidente meteorológico (sol o lluvia). Iniciamos en dirección a la antigua N-V, que no abandonaremos en ningún momento. Hay un tramo que obliga a circular por autopista, siempre y cuando queramos asfalto. La alternativa que hemos pensado es ir paralelos, aunque por los caminos colindantes de servicio. 

La zona aún no es espectacular, pese a que las vistas de la lejanía prometen. Poco más allá nos encontramos con Almaraz, famosa localidad debido a su central nuclear. Ya volvemos a la carretera, que no abandonaremos ya. Es una maravilla poder rodar con calma, ya que el tráfico es muy escaso incluso en fines de semana. Ni coches, ni camiones. Aún así, el carril lento nos protege llegado el caso.

Pasado el puente que nos permite atravesar por debajo la autopista, comienza lo bonito. Un par de rectas en falso llano y, de pronto, comenzamos a curvear. Descendemos en gran pendiente y ya observamos el primer pantano: es el río Tajo.

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Paramos una vez hemos superado el puente de piedra (precioso) para observarlo desde otra perspectiva. La carretera serpentea el pequeño embalse para ir acercándose a las montañas. Todo en pequeña bajada, con algún repecho que calentará las piernas para lo que viene. De repente, el piso empieza a apuntar al cielo, siempre con la anchura de tres carriles. A la izquierda dejamos el desvío a Casas de Miravete y, efectivamente, empezamos la subida.

El porcentaje se sitúa en el 6% y lo hará durante los 5 kilómetros de subida. Pronto pasamos una fuente que dejamos a mano izquierda para afrontar la primera de las herraduras. Se hace dura, la verdad. De pronto otra recta, eterna, de más de dos kilómetros, aún con pequeño curveo. Las vistas desde aquí son espectaculares sobre el valle y las montañas próximas.

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Muy bonita esta sierra en puertas de la primavera, muy recomendable. La pena, el tiempo, que empieza a empeorar. Las zonas altas incluso amenazan con niebla, que libraremos por poco. Otra herradura a derechas y ya afrontamos la última recta del puerto, de nuevo eterna. La respiración aumenta de ritmo de forma notoria, las rampas no son excesivas, pero la morfología del puerto ahoga las piernas. Tentados, incluso, estamos de parar como buenos cicloturistas globeros.

En la cima tendremos la opción de ascender hasta la antena, en pista de tierra. En buen estado, aunque siempre es más recomendable hacer la subida en MTB. Una lástima que la niebla, aquí sí muy presente, nos deje sin recuerdos gráficos de las vistas de este bonito monte.

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Pese a todo, bajamos con cuidado a la cima y nos dirigimos a Jaraicejo. El descenso es curioso, la primera parte sí que nos permite ir sin dar pedales, pero pronto los repechos -durísimos algunos- nos hacen cambiar el ritmo. El tiempo empieza a empeorar y la lluvia hace acto de presencia. Ante tal circunstancia pararemos a ponernos el chubasquero.

Más allá espera esta pequeña localidad, cuya iglesia domina el skyline del pueblo. Paramos a avituallar, aunque aún nos espera un tramo largo para llegar a Trujillo. A partir de aquí hay más descenso, llegando a bajar al cauce del río Almonte. Bonitas praderas que utilizaremos para, entre vacas y sus tolones clásicos, tomar nuestro bocadillo. El sonar del río hace del momento algo mucho más especial.

Desde ahí a Trujillo nos espera un buen tramo llano, con la esperanza de que el viento amaine un tanto en zonas del trayecto muy desprotegidas. La odisea para llegar es épica, con muchas ganas de parar. Los relevos entre dos son complicados, más aún cuando aquí el tráfico, que tampoco es muy abundante, ayuda poco y algún susto nos llevamos. Por fin alcanzamos la Plaza Mayor, entre un terrible aguacero. Merece la pena pasar aquí el atardecer, en una bonita localidad que domina con su castillo toda la vista de la comarca. Uno de los rincones más bellos de Extremadura.

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