Seguridad vial: rotondas, prioridad y ciclistas

Últimamente vuelven a sonar los atropellos mortales a ciclistas. Como colectivo débil, incluso la prensa generalista debería aportar mayores datos y estadísticas para alarmar a la población sobre un problema a paliar. El respeto al ciclista está comenzando a calar, bien es cierto. Ya se ven muchas señales, medidas e incluso algunas soluciones para evitar atropellos en vía urbana, como delimitar espacios -aunque lo ideal sería la convivencia-. 

Vamos a hablar en este caso de ciclismo urbano e interurbano y de las temidas rotondas. Es verdad que son una solución magnífica para distribuir tráfico, coches y usuarios a lo largo de sus 360º. Hay cedas el paso, por lo que en esta intersección la seguridad debería estar tan garantizada como el ordenamiento del tráfico. ¿Cuál es el problema? Que en situaciones de mucho tráfico la preferencia pasa a un segundo plano. Los coches que circulan por la rotonda hacen esperar a los vehículos que quieren entrar en ella.

He ahí un problema. La rapidez y la pillería se convierten en elementos fundamentales. El ciclista parte en desventaja, puesto que en arrancar tarda tanto más que un coche, teniendo que incorporarse a sus pedales y después acelerar. Los coches tienen además hoy en día gran poder de aceleración.

Por tanto, hay que elegir bien las rutas y, sobre todo, saberse mover en ellas. Hay que señalizar bien las maniobras para que otros usuarios de la vía puedan predecir. Aquí, sobre todo si queremos abandonar la intersección en la primera salida, tenemos una ventaja y es que precisamente nuestra vulnerabilidad nos protege, pudiendo circular sin molestar a los vehículos más rápidos, por el exterior de la circunferencia. El problema vendrá si tenemos que atravesar una de esas posibles salidas hacia la que los coches irán como fieras incluso desde el carril interior, algo prohibido en el reglamento.

Para realizar una rotonda con seguridad hay que afrontarla por el carril, nunca de una forma dubitativa e indicando con tiempo la maniobra que vamos a realizar. Lo ideal sería modular el ritmo del tráfico a nuestro antojo, pidiendo calma, respeto, espacio. De cómo usemos nuestros brazos dependerá que podamos sufrir un accidente o no.

Con seguridad, confianza y sabiendo que en situaciones de mucho tráfico hay muchos peligros, pero también muchos testigos que van a velar por nuestra seguridad y exigir al conductor una máxima atención. De todos modos, precaución y prudencia. Si no vemos claro qué hacer, podemos buscar una alternativa más segura como la acera y atravesar ciertos tramos en modo ‘peatón’.

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