Pavé, el alma de la París-Roubaix y del Tour de Flandes

Los tramos adoquinados son de una gran complejidad. La lluvia y el barro los hacen aún más complicados, puesto que la superficie es totalmente lisa y resbaladiza, al tratarse de esa textura que ofrece una piedra y la inseguridad propia de rodar sobre ellas. Un enorme cambio con respecto a la atracción y adherencia que ofrece el asfalto, que agarra mucho más firmemente las ruedas de los ciclistas.  Sigue leyendo