Bicicleta, solución antiestrés

En nuestro día a día, cada vez más orientado por el reloj y los dispositivos, se hace necesaria la práctica de algún deporte. Desconectar es una de las pocas vías para ser capaces de seguir las altas velocidades de nuestro ritmo de vida. Ahí entra la bicicleta como metáfora de respiro y descanso con respecto a la parte de la realidad con menor índice de popularidad: la rutina.

Sin duda la bici es capaz de aportarnos eso, una sensación de fluir, de avanzar. El espíritu recreativo es fundamental para desempeñar esta tarea, con el pequeño requerimiento de encontrar un lugar idóneo para estas cuestiones. No a las grandes pendientes ni a grandes descensos, a poder ser alejados del mundanal ruido y de las preocupaciones. Una fórmula que nos ayudará a estar más equilibrados y a disfrutar en ciertos momentos de paz de espíritu.

El lugar es importante. No es similar un paisaje urbano, donde la convivencia con el vehículo a motor incluso nos provocará un mayor estrés, que en un entorno en cierto modo natural, agradable y tranquilo. No ruidos, en la medida de lo posible, no contaminación… En definitiva, donde nuestros sentidos puedan encontrar un momento de paz y desconexión.

El cuerpo lo agradecerá, disfrutando de un agradable paseo, sin pretensiones físicas más allá de soltar músculos y distraer la mente, que se convierte en el órgano al que hay que prestar especial atención en este caso. El aspecto más importante, puesto que es quien nos ayuda a superar esos malos momentos que tendremos en lo físico y en lo psicológico, quizás al que menos tiempo y detención prestamos. El estrés va minando esa capacidad de frescura que nos permite rendir en otros terrenos. La bicicleta nos puede ayudar a encontrar ese equilibrio en nuestro día a día, a llevar con mejor cara la rutina.