Vuelta cicloturista a Galicia (de Santiago a Vigo)

La región gallega permite viajar en poco espacio de tiempo desde paisajes que recuerdan más a la Europa celta a otros que nos pueden recordar más a zonas mediterráneas. Del norte al sur, de Coruña a Pontevedra, hay mucha diferencia inclusive de clima, pese a tratarse de zonas distantes en poco más de dos horas. Recorremos las costas y las rías, desde la de Muros hasta la de Vigo con nuestra mejor compañera: nuestra Rocasanto

Arrancaremos la ruta en la mítica plaza del Obradoiro, lugar de peregrinación no sólo religiosa, sino turística, aunque ambas puedan ir un poco de la mano. Allí, entre un duro día de agua y viento, iniciamos viaje en nuestra máquina. Tras dar un paseo por las empinadas calles de Santiago (que en esta ocasión afrontaremos mayoritariamente en bajada), nos dejamos salir de la capital. Vamos a optar en esta ocasión por rincones mucho menos conocidos y dejaremos el turismo clásico para escapadas de otra índole.

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La bici nos lleva hacia Noia. El traslado es cómodo, por buenas carreteras (cuidado con la vía rápida que nos lleva hacia la costa, de un solo carril y estrecho). El perfil sólo incluye una subida relevante, que al estar al comienzo de nuestra aventura afrontaremos con ganas e ilusión. Desde allí los paisajes son interesantes, aunque mejorarán. Las nubes asolan la costa, un hecho que iremos intuyendo entre los primeros sudores. Llegados a Noia, atravesaremos el puente que cruza la ría de Muros. Aquí el tráfico está separado del motorizado, por lo que podremos disfrutar mucho más tranquilamente del trayecto. A un lado el mar, a otro la tierra. Todo sobre agua.

Tras retroceder por tan sólo un kilómetro, vamos a dirigirnos a la aldea de Taramanco. Ahí da comienzo una ascensión preciosa, dura y plagada de curvas (y de eucaliptos). Se trata de San Lois, una zona recreativa que se convierte en un mirador improvisado sobre toda la ría y el océano. Alcanza casi los 400 metros de altitud y desde allí divisaremos las nubes, en esta ocasión desde arriba. El paisaje es espectacular, se pueden distinguir incluso las corrientes en el agua. Montaña, mar, ría, carreteras, playas… una maravilla.

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Decidimos bajar con cuidado, ya que el suelo está algo resbaladizo por las hojas caídas. Llegamos al punto de partida de la ascensión y ahora nos dirigimos hacia Portosín, donde realizaremos la primera gran parada. Interesante su puerto y sus playas (los accesos podrían ser arreglados y limpiados, al menos en la fecha de realización del reportaje). Tras echarse la hora encima y un almuerzo tardío, arrancamos camino de Ribeira. El pedalear se hace leve, con repechos que se convierten en bajadas salvadoras. Llevamos ya unos 70 kilómetros en las piernas y el esfuerzo, acusado por el viento, se hace notar. Sin embargo, viene una de las partes más difíciles del día: el ascenso a Os Forcados.

Es un puerto duro, con grandes rampas en algunos tramos. Se inicia difícil para ir ganando altura rápidamente e ir empeorando la carretera, que en los tres primeros tercios no presentará dificultad. La única vendrá dada por las rampas. Llegamos al primer mirador, desde donde se observa en toda su extensión el sur gallego. Aún podremos parar más adelante, tras dos kilómetros duros y mucha altura ganada. La carretera cuelga prácticamente de la montaña y sufriremos alguna escena de vértigo. Aún habrá que subir (a pie) hasta la cima del mirador de A Curota, desde donde se divisarán las Cies, Arousa, Vigo e, incluso, montes ya portugueses.  Una maravilla que, anocheciendo, se hace aún más bonito.

No esperaremos mucho para descender de nuevo a por nuestra bicicleta y seguir la ruta hacia el pico. Un descansillo nos lleva por una carretera estrecha que apunta a los molinos de viento y al parque eólico de la sierra. En cambio, tomaremos el desvío que encontramos a la izquierda por una carretera que esta vez sí encontrará desconchones y serias deficiencias. Una pena porque este tramo es precioso, ofreciendo un par de semi-herraduras con una pendiente superior al 20% y mucha altura ganada en poco terreno. Es la parte más dura sin ninguna duda del día.

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En la cima las vistas sobre lo antes mencionado serán aún más espectaculares. Con el añadido de que podremos tener el mismo ojo de halcón sobre la parte posterior de la montaña, observando mucho del terreno recorrido con anterioridad. Bajaremos del repetidor con sumo cuidado. Llegaremos de nuevo, sin parar, al inicio de la subida. Llegaremos pronto a Boiro, donde nos tomaremos un helado ya entrada la tarde. Será el final del día, con más de 100 kilómetros de dura ruta.

Descansamos y partimos al día siguiente, con aún más rincones que conocer. El día ha salido nublado, que no lluvioso, y disfrutaremos de ello. Remontamos la ría de Arousa hacia Catoira. Pasamos de largo, tenemos objetivos muy ambiciosos por el camino. Pronto alcanzamos Vilagarcía, un pueblo bien afamado, pero que nos merece la pena únicamente para tomar un refrigerio antes de encaramarnos a la montaña. Pronto giraremos a la izquierda y subiremos hacia el Mirador de Lobeira.

 

La subida es durilla, con algún otro altillo separado de la subida final, que nos hará calentar en demasía las piernas. Llegamos al Mirador y ascendemos a pie a la parte alta. Desde la roca superior la mirada ofrece vértigo, pero una de las mejores vistas de la zona. Se observa toda la ría de Arousa en su esplendor. Una panorámica de 360º que nos deja también divisar las verdes montañas del interior.

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Decidimos ahora acercarnos a Vilanova de Arousa y su bonito puerto, dejándonos caer en el descenso. De ahí tendremos fácil acceso a la Illa de Arousa, que nos permitirá comer a una hora temprana. Bonito camino del faro de Punta Cabalo y bonito paisaje rocoso. Desde ahí nos encaminamos a Cambados. Es uno de los descubrimientos, con una zona antigua maravillosa (volveremos de noche). Muy recomendable.

Seguimos hacia Sanxenxo, donde es obligada una larga parada para visitar la zona marítima, el puerto deportivo, y alguna playa, aunque levemente. El objetivo de playa será A Lanzada, una de las mejores playas de Galicia. Una de las más famosas, sin duda. Llegamos a ella tras superar varios repechos. La arena es muy parecida a la de las playas valencianas, con la salvedad de que el agua estará a temperatura oceánica. Una metida de pies y poco más. El viento azota de lo lindo, pero se puede disfrutar de un rato muy agradable.

De nuevo nos iremos, ya de tarde, hacia O Grove. La península es un rincón por descubrir, con muchos atractivos. Visitaremos la costera ciudad, donde cenaremos a una hora temprana, tras visitar la lujosa Isla de la Toja (A Toxa). Marisco y un buen vino y de nuevo en ruta. Otro día prometemos parar más tiempo y dejamos apuntada la cita. Nos dirigimos, ya con el ocaso del sol más cercano, a San Vicente do Mar. Es una localidad muy poco conocida y muy infravalorada. El pueblo, residencial y estival, ofrece pequeñas calas para los playeros, pero, sobre todo, un paseo sobre tablas de madera que recorre toda la costa y las montañas rocosas, permitiendo tener un balcón al mar constante, sobre preciosas panorámicas. El objetivo (cumplido) es ver anochecer desde una de esas rocas. Pocas escenas más bonitas.

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Desde allí volveremos con mucho cuidado al coche de apoyo, desde donde nos trasladaremos a Cambados. Allí un paseo nocturno nos permite descubrir esta bonita localidad, una joya.

Nos levantamos el tercer y último día. Toca día tranquilo, con un rodar calmado desde Cambados hasta Vigo, pasando por la siempre presente Pontevedra. Su ría nos hará el rodar agradable. La brisa nos acompañará hasta la ciudad pontevedresa, una de las más importantes de Galicia. Vigo nos ofrecerá su puerto deportivo y un ritmo de gran urbe. Aparcaremos nuestras bicis para dar un paseo largo y tendido. Acaba aquí una ruta que nos ha llevado a recorrer Galicia de norte a sur en tan sólo tres días, de Santiago a Vigo.

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