Vuelta cicloturista a la Costa Cántabra

La costa cántabra ofrece gran variedad de paisaje. Sus cabos, colinas y pueblos lo hacen una buena excusa para rodar a lomos de la bicicleta mano a mano con el mar. Comenzamos la ruta en San Vicente de la Barquera. El bonito pueblo pesquero permite un primer contacto con la sal del ambiente y también con los repechos. No encontramos grandes subidas pese a que el terreno nunca termina de ser llano. Nos desplazamos a Comillas. Aquí lo atractivo será visitar el interior del pueblo, con el Palacio de Gaudí coronando y bonitas playas para recrearse.

Abandonamos la localidad para pasar a Santillana del Mar. La ciudad de las tres mentiras se nos antoja incómoda por las cuestas. El empedrado de sus calles más concurridas nos aleja del siglo XXI y nos traslada a épocas de Inquisición, cuyo museo es uno de los grandes atractivos. Con Altamira, que dejaremos para próximas ocasiones, bien cerca, nos dirigimos hacia el norte, hacia Suances. Elegiremos el camino más bonito, el que atraviesa el mirador de Ubiarco.

Es un balcón hacia el mar, con la carretera colgada de la verde ladera y vistas sobre amplios y poblados campos. Vemos nuestro destino sobre nuestros pies, pero hay que tener cuidado con la bajada y las curvas de herradura, más bien por el tráfico. El ancho y el piso estarán bien.

Otro problema será después ascender por las duras calles de Suances. La playa, jalonada por un bonito dique que protege las casas colindantes, termina junto al faro y a las piedras que lo separan de la desembocadura del río Saja, que proviene de la lejana tierra del Besaya. Pasamos la gran cuesta que nos pone de nuevo en ruta y ponemos destino a Miengo y Liencres (Dunas). El paisaje se vuelve más marítimo, con poca protección del viento. Llegaremos a Santander en una decena de kilómetros. Veremos el Sardinero, el faro de Cabo Mayor, la Magdalena y partimos de nuevo en busca del otro lado de la bahía.

Es la parte más fea, con carreteras nacionales en algún tramo y con tráfico rodado peligroso. Aquí podemos optar por tomar algún transporte que nos evite malos tragos. Llegamos a Pedreña. Buena comida, sobre todo en opciones de carne y pescado, preparado a la brasa y entre el olor típico a leña que hace tan especial este entorno. Aquí recuperamos la tranquilidad, pueblo natal del mítico golfista Severiano Ballesteros. Salimos dirección norte para alcanzar Somo.

Pronto afrontaremos el puerto más duro del día, el alto de Ajo. A decir verdad, no es duro, pero tras el gran esfuerzo se dejará notar. Bajamos y llegamos pronto a Santoña, dejando a un lado la turística y veraniega Noja. La preciosa bahía puede ser visitada en catamarán desde Laredo. Un bonito recorrido por las pequeñas cuevas que se esconden. Habrá que llevarse la bici consigo o buscar un buen recaudo en alguna farola cercana al puerto. Sino, un buen tentempié degustando las famosas anchoas.

Ver track de la ruta en Cronoescalada.com

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